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Noa Ros, gimnasta al volante

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Noa Ros, gimnasta al volante

En el equipo nacional hasta 2022, llamada a pelear por una plaza en los Juegos, una lesión provocó su retirada y ahora imparte extraescolares de Rítmica recorriendo pueblos en su coche eléctrico.

La gimnasta Noa Ros (Les Coves de Vinromá, 2002) recorre carreteras comarcales de Castellón con un ‘Centro de Alto Rendimiento’ cargado en su coche: 20 aros, 15 pelotas, cinco pares de mazas, 20 cintas, 20 cuerdas, 10 pelotas de tenis, dos bosus, dos pelotas de pilates, 20 gomas de flexibilidad, 20 conos, dos rodillos, globos, un altavoz, y una colchoneta hinchable. Todo encaja en varios bultos repartidos entre el maletero, los asientos traseros y hasta el del copiloto.

Noa, que formó parte del equipo nacional entre 2016 y 2022, imparte ahora clases extraescolares de gimnasia rítmica en pequeños pueblos del interior de la provincia de Castellón. En total cuenta con 210 niños y niñas de entre dos y 15 años: «Traigo todos los aparatos para que no haya barreras económicas, porque el material es muy caro. Da igual que vengas de una familia con mucho dinero o de otra que no pueda comprarse ni una pelota», expone Ros.

La ahora profesora estaba llamada a pelear por una plaza en los Juegos de París durante el Mundial de Gimnasia disputado en agosto. De hecho, celebró en Feria Valencia la clasificación olímpica de sus excompañeras de selección Polina Berezina y Alba Bautista. Pero desde la grada, apoyándolas como una espectadora más. Una lesión la había descabalgado de su objetivo un año atrás. «No puedes seguir entrenando y compitiendo a este nivel», le anunció el médico en abril de 2022. El inesperado diagnóstico hizo añicos el sueño de más de media vida.

Me dijeron que si seguía entrenando iba a perder un nervio y la pierna no me iba a responder, que tenía que dejarlo.

Noa Ros (exgimnasta y profesora)

Los problemas habían empezado bastante antes, con un esguince de tercer grado en el tobillo. Le siguieron una fractura del talón, la rotura del gemelo y del sóleo y una operación de cadera (lábrum), que era donde se pensaba que estaba el origen de esas lesiones. Después de ocho meses de recuperación, ya en 2021, empezó otro vía crucis: una fractura en el talón, una rotura en el psoas y esguinces de rodilla: «El punto de inflexión fue cuando, entrenando, en un salto me falló la pierna al recepcionar: me fracturé el quinto ‘meta’ y los ligamentos del tobillo quedaron afectados».

La gimnasta empezó a sospechar que algo pasaba en su pierna izquierda, en la que se localizaban todas las lesiones. Y las pruebas confirmaron que sufre una radiculopatía L5: «Me dijeron ‘tienes un nervio que no funciona. Si sigues entrenando, vas a perder ese nervio y esa pierna no te va a responder más. No puedes elegir. Tienes que dejarlo'».

Noa comunicó su retirada el 5 de abril de 2022, por Instagram. Sin tiempo para asimilarlo ni oportunidad para despedirse en un tapiz, abandonó su centro de entrenamiento (Mabel): «Tuve un momento de parón, de preguntarme qué estaba sucediendo. Había pasado de vivir y entrenar todos los días con mis compañeras y un objetivo común a perderlo».

La joven gimnasta, estudiante de 4º de Psicología, regresó a su casa y fue allí donde empezó a ilusionarse con la posibilidad de la enseñanza no competitiva de su especialidad. Faltaban dos meses para que su madre -que se había formado como entrenadora por la afición de su hija- celebrara el festival de fin de curso con la empresa (ePower Sport https://epowercoop.com/sport/) que habían montado para dar clases extraescolares y que había sido idea de la propia Noa durante la convalecencia por la operación de cadera.

«Fue en ese momento más oscuro cuando vi la oportunidad de trasladar todo lo que había aprendido, pero no solo a nivel gimnástico. También quería dejar una huella en cada vida porque lo que comparto con mis alumnos es oro. Aprendo, transmito y crezco a su lado. Ese momento de parón fue el que me dio alas para seguir adelante», recuerda Noa.

Fue en ese momento tan oscuro cuando vi la posibilidad de trasladar lo aprendido dejando una huella

Noa Ros

El impulso y la posibilidad de la dedicación completa de la gimnasta provocaron que en un año hayan pasado de 130 a superar los 200 inscritos el curso pasado, con la mejor publicidad en estos casos, el boca a boca, como relata Noa: «Primero salió un sitio, iba mi madre y las niñas supercontentas. Entonces empecé a recibir llamadas: ‘¿No podríais venir a darnos clase aquí?’ Y así poco a poco hemos llegado a ocho pueblos».

Los lunes hace doble sesión en Traiguera y San Mateu; los martes, en Benassal y Albocásser; miércoles, en Vall d’Alba; jueves, en Cabanes; y viernes, en Morella. Unos 15.000 kilómetros al año en un turismo eléctrico en el que el material solo deja sitio libre para el conductor. «En ese coche, conmigo, no puede venir nadie», advierte.

El festival de fin curso de junio, 1.300 asistentes más los 200 escolares que participaban, fue todo un acontecimiento para los 1.700 habitantes de Les Coves de Vinromá. «La gente flipaba, es que ni en fiestas hay tanta gente como ese día. La cola llegaba hasta el centro. Los dueños de los bares me llamaban para darme las gracias».

Noa tiene un punto rebelde hacia la gimnasia rítmica, pero más cercano a la reivindicación que a la denuncia: «Es un mundo muy oscuro, obsesionado con los resultados. La gente se preocupa demasiado por ganar y tener éxito, y eso no es lo que más valoro del deporte. Para mí el deporte es más que eso, es una forma de vida que nos enseña valores y lecciones para nuestra vida cotidiana y que, al mismo tiempo, nos permite tejer lazos profundos y auténticos con otras personas».

¿Y si alguna tiene condiciones y quiere llegar a la élite? «Que siga su instinto. Si quiere esforzarse y superarse para llegar a lo más alto, animo a que desafíe sus límites. Pero, de momento, no la acompañaría como entrenadora durante toda su carrera, sí como amiga y mentora. Lo que pretendo es sentar las bases, promover el deporte desde su raíz y proporcionar una enseñanza accesible y sobre todo significativa», sentencia.

La gente se preocupa demasiado por ganar y tener éxito… pero lo que más valoro del deporte no es eso

Noa Ros

Muy aficionada a la bicicleta de carretera y al esquí, la atleta castellonense se siente especialmente orgullosa de que su proyecto sea inclusivo: «Contamos con niños con diferentes experiencias y habilidades, neurodiversos o con afecciones genéticas, como el síndrome de Down. Realizamos diversas adaptaciones a nuestras clases para que puedan participar en base a sus necesidades individuales y los animamos a participar plenamente en el festival de fin de curso. Valoramos profundamente sus contribuciones únicas y fomentamos un ambiente inclusivo donde todos, sin excepciones, se sientan respetados y apreciados».

A Noa Ros le brilla la mirada cuando habla de su nueva etapa vital, que ha surgido a la fuerza en medio de un ciclo olímpico al que se había entregado en cuerpo y alma para llegar a París: «Las cosas vienen así y hay que aceptarlas. Estoy muy agradecida de estar en esta situación ahora mismo. Si no he podido alcanzar lo que aspiraba, estoy llegando a otra cosa que me llena muchísimo más. Y también estoy muy feliz por lo que han conseguido mis compañeras en este último Mundial».

Artículo publicado en el periódico Marca. Puedes verlo aquí:

https://www.marca.com/primera-plana/2023/09/28/6513e4bd268e3e4f378b4585.html

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